lunes, 20 de noviembre de 2017

La base
Todo empezó como un juego feroz
para plantarle cara al destino
cuando quebró mi frágil corazón
y la vida se tornó castigo.

No reconozco ya en quien me he convertido.
No se si existe una verdad o es todo un sinsentido.
Viviendo en otra realidad, y eso no va conmigo.
Así no se puede tener ni sueños ni destino.

Creí encontrar otro mundo mejor
pero era un vulgar espejismo.
Porque era un buen prestidigitador
del cerebro, la base del vicio.

No hay un caballo ganador, no hay héroes en el filo.
La miseria te mostrará tu auténtico camino.
Sin fuerzas para pelear y en brazos del delirio,
te cobrarán por la ansiedad, por fuegos de artificio.
Rebaño
Amar es amariconar la forma de ser, mala ramera no merece miseria.
Mar de mierda remando hacia un funeral, recuso la acusación cuando quiera.
El Karma me amarga cada vez que me acojo a la sinrazón sin remilgos.
Bastante bastarda es la vida, si no sabes de que hablas cállate ya.
Robando a la vida segundos, persiguiendo a la muerte sin descansar.
Hoy voy a ser casi igual que ayer pero un poco mejor.
Hoy yo seré el reflejo de la pura decepción.
La mugre me hace emigrar de este gremio, se alegran de ser gregarios flagrantes.
Agradablemente aturdidos, atrapados en la proverbial prision.
Apártate de mi camino. No me agradezcas lo aprendido.
Grises y mediocres sois, no os entiendo, lo que habláis no supera al silencio.
Lo grave es que gracias al progreso convierten en rebaño a todo ciudadano.
Absortos transitan tratando de no tropezar, sin levantar la vista del teléfono que les lava el cerebro.
Su vida transcurre en lo virtual,
ya no son personas, son un avatar.
Selfies que afirman triunfales fracasos, fatídicas fotos, efímera fama.
Posan petulantes para que sepamos  qué comen, y por donde han paseado su estúpida estampa.
Fingiendo triunfales, disfraces felices, formando la falsa fachada que ofrecen.



S.O.S.
Socorro.
Me asfixio, me aburro,
me estreso, me escurro
de esta vida y ya no tengo
de cordura ni un momento.

Auxilio.
Os pido, os ruego,
suplico y espero,
pero nadie presta su oído
pues soy un caso perdido.

Me escoro y me hundo,
me escondo del mundo.
Me evado, me miento,
no escucho, no entiendo.

Me siento un extraño
en todo terreno.
En mi propia casa
soy un extranjero.
 

poesia malparida Copyright © 2010 | Designed by: Compartidisimo